¿Quién soy?

¿Quién coño soy yo?

Podría resumir lo esencial de mi vida en tres canciones:
– De Acero
– Jesucristo García
– A Fuego
(Todas de Extremoduro, claro.)

(Si has llegado hasta aquí porque eres más perro que Niebla y no te da el cuerpo para abrir un enlace, te confesaré algo: tranquilo, no estás solo.
Bueno… en realidad, sí lo estás.
Esto no te lo dirá ningún psiquiatra, ni siquiera con una dosis extra de Valium, que te cobrará tras una sustancial cuantía por sesión y una palmadita condescendiente en el hombro.
Pero yo sí te lo digo. Y gratis.
Las drogas te las pagas tú, pedazo de gorrón.
Y sin tocar, que eso vale dinero.)

Me llamo Carlos. A secas.
En realidad, no me llamo.
Me llamaban… o me llaman a veces.
Ahora me chupa un huevo.

Estuvimos de juerga toda la noche y, terminando ya, nos topamos de frente con un garito que se llamaba “El Averno”.
Me dije:
«Hoy es un buen día para morir antes del amanecer…»
Y nos adentramos en la oscuridad vaporosa, el Tito Dorian y yo.

El pollo tenía gancho. Era guapo.
Pero yo… soy el encantador de serpientes si me pican las plantas de los pies.

Tengo 350 años.
¿Conoces a Dorian Gray? Éramos familia.
Digo éramos porque, en realidad, él era un ser atormentado que acabó inmolándose.
Yo, sin embargo, soy un tormento.

Tras alguna conversación efímera y sin interés, me fijé en un grupo entre las tinieblas que jugaba al póker.
Esta es la mía, dije.

Y allí estaba él.
El rey del mambo.
El máster del lugar, rodeado de alguna diabólica figura de relleno,
con sus respectivas diablillas de cara picarona.

Mi instinto husmeaba el peligro.
Me acerqué. Me presenté. Generé risas.
Y si pongo la mirada de los mil metros, se cierran bocas como clausuran conventos.

Y hete aquí que aceptaron.
Entré. Me senté. Jugué.
Y gané al mismo Satán.

Aunque tuve que empeñar el alma.
No pasa nada.
No hay miedo que valga.

Ahora me buscan sus esbirros hasta debajo de las piedras.
Pero yo soy la sombra misma de la nada,
y me escapo como los pulpos si algún cabrón con mala uva me encuentra besando a quien no debo.


Para asuntos más serios, puedes visitar mi tienda online.
Tranquilidad, churumbeles del abismo:
la están pintando.
En breve… traeré noticias frescas.